“Seguíamos balbuceando cada vez que había algún adulto cerca. Era divertido.
No ardíamos en deseos de exhibir nuestra inteligencia en público. No se nos ocurría pensar que fuese algo útil o atractivo en algún sentido. Creíamos que era sólo un ejemplo más de nuestra anormalidad, como esas tetillas y dedos que nos sobraban.”
Kurt Vonnegut

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