“Las tensiones internas y en general todas las emociones que experimentamos se manifiestan mediante tensiones también musculares que van constituyendo todo un esquema corporal y también una especie de “coraza” producto de esas emociones, de nuestra manera de situarnos en la vida y de nuestra historia. Esa “coraza” a su vez nos “protege” también de emociones no deseadas, como si manteniendo nuestro cuerpo rígido en algunas de sus partes no dejáramos así traslucir emociones ocultas de nuestro interior. Estas tensiones funcionan, por lo tanto, como mecanismos de defensa corporales que tienen una utilidad inmediata e inconsciente para el individuo, pero cuando se cronifican producen sensaciones de dolor, agotamiento, transtornos funcionales y, en general, la vivencia de encontrarse física y psíquicamente mal al no haber una fluidez energética.” Fina Sanz

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